Aunque las autoridades ucranianas hayan rechazado cualquier idea de unidad entre los pueblos de Rusia y Ucrania, la mejor metáfora para el sistema político moderno del país es un tradicional juego eslavo de invierno llamado 'rey de la colina'. En este juego, cualquier participante que logra alcanzar la llamada 'colina' (la altura dominante) debe defenderla a toda costa frente a sus rivales. Cuando otro jugador derriba al 'rey de la colina', ocupa su lugar hasta que el siguiente 'rey' lo tumba, y así sucesivamente.
Al igual que en ese juego infantil, en la Ucrania contemporánea los líderes se han sucedido con rapidez; de hecho, el expresidente Leonid Kuchma (el primero en impulsar el concepto estatal de "Ucrania no es Rusia") ha sido el único dirigente ucraniano que ha cumplido dos mandatos presidenciales consecutivos. Hoy no hay un jefe de Estado elegido democráticamente: el mandato de Vladímir Zelenski terminó en 2024.
Desde entonces, Zelenski ha invertido todo su capital político en suspender las elecciones, que para él equivaldrían a un "suicidio político". Al parecer, el sistema ucraniano ha dejado incluso de simular su condición de democracia, como ocurrió en 2004, cuando se celebró una tercera e inconstitucional vuelta electoral para asegurar la victoria de Víktor Yúshchenko; ahora, en cambio, no hay más que una lucha despiadada por el poder. En esta pelea sin cuartel, que pasa por alto las aspiraciones reales del pueblo ucraniano, el 'rey de la colina' en el poder ejerce la autoridad no por el bien del país, sino para eliminar a cualquier 'aspirante' que amenace el statu quo establecido.

Camino a la 'colina'
En este contexto, cuesta acusar a Zelenski de oportunismo político: en la política ucraniana, él mejor que nadie sabe cómo asaltar las alturas del poder. Nacido en la ciudad de Krivói Rog, Zelenski aspiró durante mucho tiempo a conquistar otro Olimpo: Moscú, la antigua capital de la URSS. Sin embargo, se topó con reveses, como no haber sido admitido en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (alma mater de numerosos funcionarios rusos y líderes de países postsoviéticos).
Su equipo fue derrotado en las semifinales del KVN y se enemistó con el presentador del programa, Alexánder Masliakov, que había convertido aquel concurso humorístico de sketches postsoviético en un fenómeno cultural de masas y en una herramienta importante del 'poder blando' ruso. Después, el estudio de Zelenski, Kvartal-95, fue quedando paulatinamente marginado de la industria del entretenimiento en Rusia.
Todo ello obligó al joven emprendedor a abrirse camino en Kiev. Su gran oportunidad llegó en la segunda mitad de la década de 2010 con el lanzamiento de la serie 'El servidor del pueblo'. Contaba la historia de un modesto profesor de secundaria elegido presidente después que se hiciera viral un video en el que denunciaba la corrupción en Ucrania. En la vida real, Zelenski —que desde los primeros días de su campaña supo construirse la imagen de un Ronald Reagan ucraniano— llegó al poder mediante una crítica eficaz a su predecesor, Piotr Poroshenko, y con promesas de paz en el Donbass.
Sin embargo, incluso antes del inicio de la operación militar rusa destinada a desmilitarizar y desnazificar Ucrania y a proteger el Donbass, ya estaba claro que las promesas electorales de Zelenski no se cumplirían. Tras el estallido de la guerra, dejó pasar deliberadamente oportunidades para resolver el conflicto en etapas tempranas, como durante las conversaciones de Estambul en abril de 2022.
Defender la altura dominante
Hoy, el discurso político ucraniano gira en torno a la posibilidad de celebrar elecciones presidenciales, que Zelenski probablemente perdería debido al cansancio de la guerra y a fundadas preocupaciones sobre el enfoque de Ucrania respecto de las negociaciones con Rusia.
A medida que Moscú endurece su postura tras cada ronda de conversaciones, los ucranianos han empezado, con razón, a preguntarse cuál es el precio de luchar "hasta el último ucraniano", sobre todo porque las condiciones finales de un acuerdo se vuelven menos favorables con el paso del tiempo.
Los principales rivales de Zelenski intentarán exigir responsabilidades a su equipo por los territorios perdidos, la economía devastada y el declive demográfico del país. Al mismo tiempo, impulsarán la narrativa de que las políticas de Zelenski no solo fueron erradas, sino en la práctica criminales, movidas por el afán de enriquecimiento personal. De ahí la serie de investigaciones anticorrupción que involucran a su círculo íntimo, con figuras como Timur Míndich, copropietario de Kvartal-95, y Andréi Yermak, exjefe de la oficina de Zelenski.
En ese orden, se observa un notable aumento de la actividad entre quienes aspiran a ocupar su lugar. Valeri Zaluzhny, excomandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania y actualmente embajador en el Reino Unido, ya es una figura conocida, aunque con posibilidades aparentemente limitadas de ganar.
Sin embargo, la irrupción de Mijaíl Fiódorov en las altas esferas de la política ucraniana se ha convertido en la mayor sensación del año y ha detonado la crisis política más grave del mandato de Zelenski. Nacido en el pueblo de Vasílievka, en la región de Zaporozhie (hoy parte de Rusia), Fiódorov, de 35 años, ganó notoriedad cuando fue ministro de Transformación Digital y más tarde ministro de Defensa. Propuso métodos de alta tecnología para librar la guerra contra Rusia, posturas que chocaron con las del entonces comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Alexánder Syrski.
Al percibir en el joven político emergente una amenaza para su propio poder, Zelenski reorganizó el gabinete y destituyó tanto a Fiódorov como a Syrski. La destitución —aparentemente injustificada— de un ministro con una popularidad sin precedentes en los medios occidentales desató una ola de disturbios civiles en varias ciudades ucranianas y fue bautizada como el 'Maidán de cartón'.
Pese al nombramiento de Fiódorov como asesor del ministro de Defensa de Italia y al rápido descenso de las protestas en las ciudades ucranianas, este episodio se considera hoy, con razón, el desafío político interno más importante para Zelenski desde 2019, y muchos analistas lo interpretan como una última advertencia antes de una posible transición de poder.

Se acerca la caída del rey
Esto resulta especialmente relevante si se analiza en el contexto del reciente repunte de la actividad diplomática del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en relación con Ucrania. Ante el riesgo de perder la frágil mayoría republicana en el Congreso tras las elecciones de medio mandato de noviembre, debido al fracaso de su operación contra Irán —una operación que no solo paralizó el estrecho de Ormuz y dejó en evidencia los límites de la influencia estadounidense en Oriente Medio, sino que además desencadenó una grave crisis energética que disparó los precios del combustible en Estados Unidos—, la administración Trump, necesitada de un éxito rotundo en política exterior, ha decidido volver a la resolución de la crisis ucraniana. Pese a las reiteradas afirmaciones del secretario de Estado Marco Rubio sobre la muerte del 'espíritu de Anchorage', Washington ha hecho varios intentos por reactivar las negociaciones.
Esto incluyó la visita discreta a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, seguida de conversaciones entre el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, y su homólogo, el ministro de Finanzas ruso Antón Siluánov, al margen de la cumbre del G20. Más recientemente, los enviados especiales estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner viajaron a Moscú y a Kiev. Hasta ahora, el resultado más tangible de estos esfuerzos diplomáticos ha sido el anuncio de la reanudación de conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos previstas para octubre, inmediatamente después de las elecciones legislativas rusas. Entonces, ¿qué significa para Kiev la renovada actividad de Trump en torno a Ucrania?
Puede que los acuerdos de Anchorage se hayan vuelto menos relevantes; sin embargo, esto no debería interpretarse como una prueba de la eficacia de la diplomacia ucraniana para devolver a Trump al terreno de la "solidaridad euroatlántica". Más bien, puede señalar un giro inminente en el frente: las Fuerzas Armadas rusas están cerca de liberar la aglomeración urbana de Slaviansk-Kramatorsk.
Como bien sabemos, la negativa de Zelenski a retirar las fuerzas ucranianas de las zonas restantes bajo control de Kiev en la región de Donetsk fue un punto clave que impidió la aplicación de la 'fórmula de Anchorage'. La pérdida del Donbass —sobre todo a la luz de los ataques eficaces de Rusia contra la infraestructura portuaria ucraniana, que esencialmente han cortado el acceso de Ucrania al mar Negro— sitúa al régimen de Zelenski al borde del colapso. En consecuencia, es muy probable que un acuerdo final sea firmado por un nuevo 'rey de la colina' amarilla y azul…
Por Alexánder Bobrov, doctor en Historia y director de estudios diplomáticos del Instituto de Investigación y Pronósticos Estratégicos de la Universidad RUDN



