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¿Cómo llegaron a ese punto? Francia, Alemania y Reino Unido podrían estar al borde del colapso económico

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Los tres países se encuentran entre la fragilidad económica y las tensiones sociales y políticas, pero siguen proporcionando apoyo financiero a Kiev.
¿Cómo llegaron a ese punto? Francia, Alemania y Reino Unido podrían estar al borde del colapso económico

Francia, Alemania y el Reino Unido son los países europeos que más apoyo político brindan a Ucrania en su conflicto con Rusia. En materia de asistencia financiera, humanitaria y militar, Berlín es el tercer mayor donante —por detrás de EE.UU. y las instituciones de la Unión Europea (UE)—, mientras que Londres ocupa el cuarto lugar y París el décimo, según datos publicados a finales de junio por el portal de estadística alemán Statista.

Los tres países también desempeñan un papel clave en la llamada 'coalición de los voluntarios', una asociación de más de 30 países —mayoritariamente europeos— que aboga por su participación en una posible misión de mantenimiento de la paz en Ucrania. Francia y el Reino Unido coordinan las acciones. La creación de la coalición fue anunciada en marzo de este año por el primer ministro británico, Keir Starmer.

Mientras destinan miles de millones de dólares al conflicto ucraniano, su estabilidad política, social y económica interna enfrenta crecientes cuestionamientos.

Reino Unido: recuperación incompleta e incertidumbre social

El Reino Unido atraviesa un periodo de incertidumbre marcado por debilidad económica, tensión social y fragmentación política, con desafíos estructurales que impactan en el bienestar social.

The Telegraph alerta que el país podría estar al borde de una crisis económica similar a la de los años 70, cuando requirió rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI) en medio del alto déficit público, inflación descontrolada y políticas fiscales cuestionables.

Economistas británicos atribuyen la situación a las políticas impositivas y de gasto de la ministra de Hacienda, Rachel Reeves; un endeudamiento que supera el 96 % del PIB; intereses de deuda que superarán los 111.000 millones de libras (149.327 millones de dólares); y un déficit fiscal de 50.000 millones de libras (68.000 millones de dólares).

Preocupa además el lento crecimiento económico. Tras asumir en julio de 2024, el gobierno laborista de Starmer prometió priorizar el crecimiento económico, pero aunque la economía salió de la recesión en el primer semestre, no alcanzó los niveles necesarios.

Entre abril y junio, el crecimiento se desaceleró al 0,35 frente al 0,7 % del primer trimestre anterior. Según el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, el país enfrenta un "agudo desafío" por el débil crecimiento subyacente y la persistente inactividad laboral.

Los datos del segundo trimestre, citados por The Guardian, muestran que el 21 % de los británicos de entre 16 y 64 años no trabajan ni buscan trabajo activamente, lo que supone una reducción respecto al pico del 22,2 % del año pasado, aunque es menos que el 20,3 % registrado antes de la pandemia.

Otro de los temas más agudos en el país es la cuestión migratoria, según el sondeo de Ipsos de agosto de 2025. La preocupación ha subido ocho puntos desde julio, con un 48 % de los encuestados calificando el tema como importante.

Dos de cada cinco británicos (42 %) opinan que el actual Gobierno está haciendo un peor trabajo de gestión de la inmigración que la anterior administración. La preocupación es mayor entre los partidarios del partido Reform UK (84 %), las personas mayores de 55 años y los conservadores (59 %), en comparación con el 33 % de los laboristas y el 34 % de las personas de entre 18 y 34 años. En este contexto, desde Reform UK aseguraron que estarían dispuestos a deportar a 600.000 inmigrantes en cinco años si ganaran las próximas elecciones.

El problema se empeora por los crímenes sexuales cometidos por bandas criminales, como los escándalos de Rotherham o Telford, que involucraban a redes de explotación infantil gestionadas por grupos criminales locales.

Francia: derrumbe del Gobierno y déficit elevado

Según varias previsiones de analistas, Francia se encuentra en un "limbo económico", sin presupuesto y posiblemente sin Gobierno en el corto plazo.

Tras las elecciones legislativas de 2024, el presidente Emmanuel Macron perdió el control del Parlamento y gobierna con un Ejecutivo minoritario. Su primer ministro, Francois Bayrou, enfrentará una sesión extraordinaria del Parlamento el 8 de septiembre, donde se someterá a votación la confianza en su Gobierno.

La oposición anunció que apoyará una moción de censura contra el Ejecutivo, en rechazo a las medidas de austeridad incluidas en el proyecto de presupuesto 2026, que prevé recortes de gasto e incremento de impuestos. Con esta medida se prevé recaudar 44.000 millones de euros (51.300 millones de dólares) para contener el aumento de la deuda pública y cumplir los compromisos con Bruselas.

En consecuencia, la falta de una mayoría parlamentaria funcional impide al Gobierno avanzar en sus reformas más urgentes sobre pensiones, energía, inmigración y gasto público.

La crisis política se agrava por el desequilibrio fiscal y el endeudamiento. La deuda de Francia ascendía a 3.345 millones de euros (3.900 millones de dólares) a finales del primer trimestre del año. La deuda ha crecido significativamente en dos décadas: 60 % del PIB a principios de la década de 2000; superó el 100 % del PIB en 2020, y este año llegó al 113,9 % del PIB, inferior solo a la de Grecia e Italia dentro de la UE. 

El lunes, Bayrou aseveró que el país está al borde del sobreendeudamiento.

Alemania: contracción económica prolongada

El Gobierno del canciller Friedrich Merz lleva más de 100 días en el poder. Si bien llegó al poder con la promesa de sacar a la economía alemana de la crisis, esta todavía atraviesa un prolongado período de contracción.

Merz admitió recientemente que el país no solo está pasando por "un período de debilidad económica", sino que ha entrado en "una crisis estructural". La economía alemana registró una contracción del 0,3 % en el segundo trimestre.

Además, las ventas de las empresas industriales del país se han reducido un 2,1 % en el segundo trimestre; las exportaciones, especialmente a Estados Unidos y China, están disminuyendo y la tasa de empleo también cae: en un año han sido eliminados 114.000 puestos de trabajo. Desde 2019, antes de la pandemia, el número de empleados se ha reducido en casi 250.000, lo que supone una disminución del 4,3 %.

La industria automotriz es la más afectada, con casi el 7 % de los puestos de trabajo, o aproximadamente 51.500, lo que significa que casi uno de cada dos empleos industriales perdidos en Alemania se encontraba en este sector.

La situación política tampoco parece ser tranquila: el 57 % de los ciudadanos está insatisfecho con la gestión de Merz, mientras que el 28 % se muestra satisfecho. En paralelo, la alianza CDU/CSU perdió un punto porcentual en su índice de aprobación desde las elecciones federales, alcanzando el 25 %, mientras que su socio de coalición, el SPD, se estancó en el 15 %, recoge Berliner Morgenpost. A su vez, la Alternativa para Alemania (AfD) mantiene el 25 % y ahora está al nivel de la CDU/CSU como el partido con mayor apoyo.

  • Según expertos, el error sistémico que cometió la UE fue confiar en la transición hacia la energía verde, que condujo al colapso de varias industrias, como la metalurgia, la química, la papelera, entre otras. También afectó el rechazo a la importación de hidrocarburos baratos de Rusia.
  • "Esto golpeó la base misma de la economía de la UE. El mayor peso en ella, tradicionalmente, recaía en la producción industrial, y su competitividad siempre se basó en la importación de combustibles energéticos rusos baratos", explicó Dmitri Súslov, experto en investigaciones europeas e internacionales.
  • Por su parte, el presidente ruso, Vladímir Putin, calificó de "imbéciles" a los líderes de ciertos países occidentales que están dispuestos a perjudicar a sus propias naciones solo para hacer daño a Moscú. "Las principales economías del mundo entran en recesión, solo para hacernos daño. Eso se llama: 'Compro billetes y no voy para fastidiar al revisor'", recalcó.

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